martes, 2 de junio de 2020

Quién era el paciente del Hospital Borda?


La tremenda historia del paciente del Borda que murió atacado por ...Quién era el paciente del Borda muerto por una jauría de perros ...
El viernes 22 de mayo amaneció nublado y ventoso en la ciudad de Buenos Aires. A pesar de eso, Jorge Marcheggiano (paciente del servicio 15 del Hospital Borda) pidió permiso para salir a dar una vuelta por los jardines de la Institución. En su caminata, el hombre de 70 años fue interceptado por una jauría de perros que lo atacó ferozmente.
A Jorge lo encontró un empleado de seguridad. Estaba tirado en el piso con varias mordeduras en el cuerpo, sobre todo en una de sus piernasNadie sabe cuánto tiempo pasó agonizando allí. Finalmente, cerca de las 11.00 am, decidieron trasladarlo al Hospital Penna. Murió a las pocas horas.
Dos semanas antes de este episodio, el 7 de mayo, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) presentó una acción de amparo colectiva, donde denunciaba las graves condiciones de los cuatro hospitales psiquiátricos de la ciudad de Buenos Aires (el Borda, el Moyano, el Alvear y el Tobar García) en el contexto de la Pandemia del Coronavirus. Entre los reclamos, además, figuraba un pedido expreso para erradicar las jaurías que deambulan por los predios de esas instituciones.
El amparo quedó radicado en el Juzgado Contencioso Administrativo 12, a cargo de la jueza Alejandra Petrella que hizo lugar a la medida cautelar. El 14 de mayo, la magistrada instó al gobierno porteño a proveer equipos de protección e insumos para prevenir y evitar la propagación del COVID-19 en los psiquiátricos, pero desatendió el reclamo de los perros. “No existen a la fecha conclusiones médicas que permitan afirmar que la presencia de animales intensifica los riesgos de contagio”, expuso Petrella en la cautelar.
Según la jueza, se otorgó carácter colectivo al amparo y se estableció que, como los cuatro manicomios porteños están ya judicializados, este proceso se ocuparía principalmente del COVID-19 y de las personas internadas. “En lo relativo a los perros si bien se intimó al Gobierno porteño, ello fue puesto en conocimiento del juzgado en el que ya tramita la causa referida a cuestiones edilicias del hospital Borda y que tiene sentencia firme desde hace años”, dijo Petrella a este medio.
“Esto se había señalado y nadie tomó cartas en el asunto. Hubo otros casos similares en el Hospital Interzonal Dr. José A. Esteves (Lomas de Zamora) y en el Hospital Nacional ‘Colonia Montes de Oca’ (Luján). Lamentablemente muchas personas abandonan animales que se terminan criando como jaurías salvajes y son muy difíciles de controlar”, apunta Macarena Sabin Paz, coordinadora del área de salud mental del CELS.
“De cualquier forma, el problema no son los perros, sino la ausencia de una política sanitaria orientada a erradicar las jaurías que son un peligro, tanto para los usuarios como para trabajadores de estos grandes monovalentes”, agrega Sabin Paz.
Infobae se puso en contacto con tres personas que trabajan en el Hospital Borda. Sus testimonios coinciden: la jauría que mató a Jorge Marcheggiano estaba rondando la institución desde hacía más de un año.
Tras el amparo presentado por el CELS, la jueza Alejandra Petrella instó al gobierno porteño a proveer equipos de protección e insumos para prevenir y evitar la propagación del COVID-19 en los psiquiátricos, pero desatendió el reclamo de los perros.
Tras el amparo presentado por el CELS, la jueza Alejandra Petrella instó al gobierno porteño a proveer equipos de protección e insumos para prevenir y evitar la propagación del COVID-19 en los psiquiátricos, pero desatendió el reclamo de los perros.
"No era la primera vez que esos perros atacaban a alguien. Muchas veces los pacientes venían a los talleres con las marcas de los colmillos. En el Hospital se sabía, la empresa de seguridad lo sabía y las autoridades también”, sostiene Emiliano Rojas Salinas, fotógrafo, voluntario del hospital desde hace una década y docente de Arteterapia del Centro Cultural Borda desde hace tres años.
Aunque Marcheggiano no asistía al taller de Rojas Salinas, habían conversado varias veces. Por eso, cuando se enteró de su muerte, Emiliano le dedicó un posteo en sus redes sociales. “Jorge era un divino. Sonriente y solidario. Siempre dispuesto a ayudar y a dar una mano. Era uno de los que más trabajaba para acondicionar el espacio del Centro Cultural. No jodía a nadie, solo quería ser feliz y estar tranquilo. Nadie se merece terminar así”, escribió en su cuenta de Instagram.
A sus palabras le sumó una imagen de Jorge en primer plano. El hombre luce una chomba a rayas y lleva una llave (la del armario donde guardaba sus pertenencias) colgada del cuello. “Fue en uno de los Festivales de Variedades del Centro Cultural Borda”, cuenta el fotógrafo.
Según pudo saber Infobae, tras el ataque de la jauría, Jorge recibió unas primeras curaciones en el Servicio de Cirugía del Hospital Borda. Pero, al detectar la gravedad de las heridas, decidieron dar aviso al SAME que lo derivó al Hospital Penna, donde fue operado.
A pesar del esfuerzo del equipo médico, el hombre de 70 años murió a las 13.30 hs. Desde entonces, y a pesar de que su caso se difundió en distintos medios, ningún familiar o referente afectivo se acercó a la Institución Psiquiátrica.
Gonzalo Sánchez trabaja en la parte administrativa del Hospital Borda desde hace nueve años y, además, es delegado de ATE. De acuerdo con su relato, la problemática con las jaurías viene de larga data. “Los perros siempre están dando vueltas. Muchos, incluso, circulan por dentro de la Institución. Como no se hicieron arreglos en el perímetro, entran y salen del edificio con facilidad. Además de atacar pacientes, también mordieron a trabajadores y trabajadoras del Borda”, explica.
Los manicomios son tierra de nadie”, dice Alberto Sava fundador y director del Frente de Artistas del Borda (FAB). Como Marcheggiano no participaba de ninguno de los once talleres que ofrece la agrupación, Sava no llegó a conocerlo. Se enteró de su fallecimiento a través de otro compañero del Frente. “Estos perros son cuatro o cinco y hace muchos años que están. Un par de veces mordieron a algunos pacientes y, también, atacaron a una enfermera. Pero no fue tan grave. Esta muerte era evitable”, expresa.
Desde el Gobierno de la Ciudad prefirieron no hacer declaraciones respecto a lo sucedido. “Hay una investigación judicial en curso para esclarecer los hechos. La Ciudad se encuentra a disposición de la Justicia y elevó un informe con lo ocurrido”, dijeron a este medio.
Por otro lado explicaron que, desde el sábado 23 de mayo, están realizando recorridas diarias (tanto en el predio del hospital como en sus alrededores) liderados por la división canina de la Policía de la Ciudad, de los que también participan personal del Borda y del Instituto de Zoonosis Luis Pasteur. El objetivo, indican, es encontrar a los perros y evitar otro episodio de características similares.
Además, reforzaron las entradas del Borda para impedir que los animales pueden volver a ingresar. Consultado acerca de esto último, Gonzalo Sánchez afirma que es cierto. “Colocaron un alambre de unos 50 centímetros en el frente del hospital”, dice.
¿Por qué no actuaron antes? “Intervenimos tras recibir un pedido del Ministerio de Salud. Estamos haciendo rastrillajes diarios para dar con los perros agresores. Tratamos de identificarlos a partir de las descripciones que nos aportaron distintos vecinos y trabajadores del lugar. Hasta el momento atrapamos cuatro perros. Uno casi seguro es de la jauría, el resto no sabemos”, afirma Guillermo Belerenian Médico Veterinario de la Universidad de Buenos Aires, a cargo de la dirección del Pasteur desde principios de abril.
Según Belerenian, desde el Pasteur trabajan para prevenir el abandono de los animales. "Tenemos un departamento de educación para salud a partir del cual promovemos la idea de una tenencia responsable. También, un quirófano móvil que recorre distintos barrios para hacer esterilización quirúrgica, vacunación y desparasitación”, dice.
fuente: INFOBAE

sábado, 23 de noviembre de 2019

La fabricación de la locura. Thomas Szasz


THOMAS SZASZ

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Thomas Szasz

Thomas Istvan Szasz (Budapest, Hungría, 15 de abril de 1920 – 8 de septiembre de 2012) fue profesor emérito de psiquiatría en la Universidad de Siracusa en Nueva York. Szasz fue crítico de los fundamentos morales y científicos de la psiquiatría y uno de los referentes de la antipsiquiatría.
Es conocido por sus libros El mito de la enfermedad mental y La fabricación de la locura: un estudio comparativo de la inquisición con el movimiento de salud mental, en los que planteó los principales argumentos con los que se le asocia.
Su postura sobre el tratamiento involuntario es consecuencia de sus raíces conceptuales en el liberalismo clásico y el principio de que cada persona tiene jurisdicción sobre su propio cuerpo y su mente. Szasz considera que la práctica de la medicina y el uso de medicamentos debe ser privado y con consentimiento propio, fuera de la jurisdicción del Estado, a su vez cuestiona los regímenes autoritarios y los Estados policiales.
Los argumentos de Szasz pueden resumirse como sigue:
El mito de la enfermedad mental: Es una metáfora médica para describir una conducta perturbadora, tal como la esquizofrenia, como si fuera una “enfermedad”. Aunque la gente se comporte de manera perturbadora, no significa que tengan una enfermedad. Para que exista una verdadera enfermedad, la entidad debe ser capaz de medirse o probada de manera científica. Según Szasz, una enfermedad debe detectarse en una autopsia y cumplir con las definiciones de patología en lugar de ser decretada por votos por los miembros de la Asociación Psiquiátrica Americana. Las enfermedades mentales no son enfermedades reales, arguye Szasz, quien las coloca en la categoría de lenguaje metafórico. La psiquiatría, afirma Szasz, es una pseudociencia que parodia la medicina al usar terminología que suena a medicina: terminología que ha sido inventada los últimos cien años. Además de seudociencia, la psiquiatría es un sistema de control social, no una rama de la medicina de acuerdo a Szasz. La noción de que la psiquiatría biológica es una verdadera ciencia ha sido cuestionada también por otros críticos.
Separación de la psiquiatría del Estado: El Estado no tiene derecho a forzar ‘tratamientos’,solamente el consentimiento del paciente legitima un tratamiento.
Derecho a morir: En una analogía del derecho a la vida, Szasz arguye que el individuo debe ser libre de escoger cuándo morir sin interferencia de la institución médica o el Estado. Szasz cree que el suicidio es uno de los derechos más fundamentales.
Abolición de la hospitalización involuntaria: Nadie debe ser privado de su libertad a menos que haya sido encontrado culpable de una ofensa criminal. Según Szasz, privar a una persona de su libertad ‘por su propio bien’ es inmoral.
Identificado con el movimiento antipsiquiátrico, para Szasz la hospitalización involuntaria es inmoral, si continúa indisputada, crecerá hasta convertirse en una distopía orwelliana.
En 1979 la Universidad Francisco Marroquín le otorgó a Szasz un doctorado honoris causa en Ciencias de la Conducta por su labor profesional de psiquiatría y por su compromiso con la libertad individual*.
[Artículo recomendado: “Thomas Szasz, el psiquiatra libertario“]

OBRAS DE THOMAS SZASZ:

1.- Szasz, T. (1979) Ideología y enfermedad mental

2.- Szasz, T. (2008) El mito de la enfermedad mental

3.- Szasz, T. (1992) El derecho a las drogas

4.- Szasz, T. (1989) Contra el estado terapeutico

5.- Szasz, T. (1990) Esquizofrenia. El símbolo sagrado de la psiquiatría. 

6.- Szasz, T.  (1973) El segundo pecado. Reflexiones de un iconoclasta.



Ronald Laing

Laing fue un psiquiatra reconocido por su trabajo con pacientes esquizofrénicos. Para él, los pacientes que padecían esta enfermedad se comportaban de manera distinta según el ambiente que habitaban.
Ronald David Laing fue un psiquiatra británico conocido por su enfoque alternativo para el tratamiento de la esquizofrenia. Fue, además, el fundador de una corriente que sería conocida como antipsiquiatría en los años 60 y 70.
Igual que muchos otros psicólogos y científicos sociales, Laing trabajó e investigó en la famosa Clínica Tavistock hasta que, años más tarde, se convertiría en parte del equipo del Instituto Tavistock en el área de investigación. El Instituto Tavistock se encargó de otorgarle suficiente financiación para que Laing llevara a cabo sus más importantes investigaciones.
Su trabajo estuvo centrado en el estudio de la esquizofrenia y el ambiente de tratamiento de los pacientes esquizofrénicos. Laing propuso que los pacientes se comportaban de manera diferente dependiendo del ambiente que habitaban. A continuación, te desvelamos más detalles acerca de su vida y sus investigaciones.
Chica con esquizofrenia

Infancia de Ronald Laing

Laing nació el 7 de octubre de 1927 en Govanhill, Glasgow, Escocia. Nace en el seno de una familia de clase trabajadora, siendo el único hijo de David McNair Laing y Amelia Laing.
Hasta 1945, asistió a la escuela primaria para varones Hutcheson, en Glasgow, donde destacó por ser un excelente estudiante y por poseer una habilidad musical excepcional. Obtuvo su licenciatura en la Academia Real de Música en 1944, y se asoció al Colegio Real de Música en abril de 1945.
En estos años, fue un ávido estudioso de filosofía, algunos de los autores que más llamaron su atención fueron Freud, Marx, Nietzsche y especialmente Kierkegaard. Posteriormente, estudió medicina y psiquiatría y obtuvo un doctorado en medicina en la Universidad de Glasgow en 1951.

La vocación por la psiquiatría

Entre los años 1951 y 1953, fue reclutado como psiquiatra conscripto en el Cuerpo Médico del Ejército Real. Fue enviado a la Unidad Psiquiátrica del Ejército Británico, Netley, cerca de Southampton, y luego al Hospital Militar en Catterick, Yorkshire.
A finales de 1953, dejó el ejército y emprendió la labor docente en la Universidad de Glasgow. Durante este periodo, fue a Gartnavel Royal Mental Hospital con el fin de completar su entrenamiento psiquiátrico. En este hospital, estableció un entorno de tratamiento experimental: la ‘Sala de Rumpus’, en la que los pacientes esquizofrénicos pasaban tiempo en una habitación cómoda.
Tanto el personal como los pacientes llevaban ropa normal y se les permitió a los pacientes dedicar tiempo a actividades como cocinar y practicar actividades artísticas. Las actividades cotidianas tenían como meta garantizar un entorno en el que los pacientes pudieran responder al personal y a los demás en un entorno social, en lugar de institucional.
Todos los pacientes mostraron una notable mejora en el comportamiento como resultado de este novedoso tratamiento. En enero de 1956 recibió su calificación como psiquiatra.

Consolidación profesional de Laing

A finales de 1956, fue nombrado registrador senior en la Clínica Tavistock de Londres. Allí dirigió la investigación hasta 1960.
La clínica Tavistock estaba conformada por médicos que estudiaban pacientes de la armada inglesa y su principal objetivo era identificar las secuelas que dejaba la guerra en un individuo.
Poco después, el Instituto Tavistock fue creado como una organización no gubernamental sin fines de lucro. Financiado por la Fundación Rockefeller, el Instituto Tavistock desarrollaba investigaciones en ciencias sociales y psicología aplicada a la educación, la investigación y el desarrollo profesional.
Así, Laing trabajó para el Instituto Tavistock durante casi 30 años. Aunque también fue aceptado para la formación como psicoanalista por el Instituto de Psicoanálisis.
En 1958, comenzó la investigación que conduciría a su obra La cordura, la locura y la familia, que sería publicada en 1964. Igualmente, comenzó una serie de seminarios que involucraron a diversas personas que llegarían a convertirse en importantes colaboradores, entre ellos: Aaron Esterson y David Cooper.

Obras y reconocimiento de Laing

Su obra El Yo dividido fue publicada por la editorial Tavistock en 1960. El libro recibió críticas favorables, aunque, tras su lanzamiento, las ventas no acompañaron su éxito. Poco tiempo después, publicaría  el libro El Yo y los otros.
Laing se calificó como psicoanalista y estableció una práctica privada en Londres. Comenzó a experimentar con las drogas, especialmente, con el LSD. En 1962 fue nombrado Director Clínico de la Clínica Langham en Londres y, a partir de este momento, comenzó a adquirir cierta popularidad.
En los años posteriores, escribió la mayoría de los artículos que luego fueron compilados en el libro La política de la experiencia; El ave del paraíso. También publicó Razón y violencia en coautoría con David Cooper, otro investigador asociado al Instituto Tavistock.

El proyecto Kingsley Hall

En 1965, se embarcó en el proyecto de Kingsley Hall junto a Aaron Esterson, David Cooper y otros investigadores del momento; el proyecto se extendería hasta 1970. En definitiva, el Kingsley Hall consistía en instaurar una comunidad experimental, no jerárquica, en la que los pacientes con esquizofrenia recibían un espacio para trabajar en su psicosis sin recurrir a las drogas u otras terapias como los electrochoques o la cirugía.
La inspiración vino de los proyecto Rumpus Room de Laing, y la experiencia de sus colaboradores. Otros proyectos como la Villa 21 de Cooper resultaron fundamentales para el desarrollo del Kingsley Hall porque, en ella, se desarrollaba una comunidad para pacientes esquizofrénicos sin distinciones entre personal y pacientes, es decir, basada en las relaciones sociales.
Como consecuencia del éxito del Kingsley Hall, Laing realizó una gira de conferencias por los Estados Unidos, que le permitió entrar en contacto con otros psicoanalistas de renombre. En 1967, participó en el Congreso de Dialéctica de la Liberación, destinado a unir la política de izquierda y el psicoanálisis. Allí, dio un discurso que llevaba por nombre Lo obvio y que, más tarde, sería publicado en una antología que recopilaba los discursos de dicho congreso.

Vida Personal

En 1952, se casó con su novia Anne Hearne; ese mismo año nace su primera hija a quien llamaron Fiona. El matrimonio tuvo otros hijos: Susan, Karen, Paul, Adrian.
Depués de separarse de Anne, Laing tendría como pareja a Jutta Werner, con quien tuvo tres hijos. Posteriormente, tendría dos hijos más de madres diferentes.
En el año 1971, ya cerrado Kingsley Hall, Laing decide que es el momento oportuno para tomar un año sabático en Sri Lanka e India. Durante este viaje, se dedicó a la meditación budista teravédica.
En preparación a su viaje, cierra su práctica privada, la misma en la que había realizado sesiones de terapia con LSD durante los años 60. No está claro si sus investigaciones con LSD se reanudaron cuando volvió de la India.
El 23 de agosto de 1989, Laing falleció mientras jugaba a tenis. De acuerdo con los reportes médicos, sufrió un ataque al corazón.
Sri Lanka

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